lunes, 27 de febrero de 2012

La soledad del libertino


Peli: "Shame"
Puntuación: 9/10







"Shame" se estrenó el año pasado en varios festivales en los que fue dejando su huella -Venecia, Toronto, Londres, Denver-, de uno en uno. Protagonizada por Michael Fassbender, el actor de moda, y la Carey Mulligan de "Drive", está dirigida por Steve McQueen, un negraco inglés que no tiene nada que ver con el actor de "La gran evasión". Se trata esta de una peli concebida por el director, escrita y hecha para que Fassbender la protagonizara. 































Brandon, un atractivo soltero, disfruta de éxito laboral en la ciudad de Nueva York. Durante el día se entrega al trabajo. Pero lo que nadie sabe es que el resto del tiempo se entrega al vicio del urbanita alienado: el sexo desenfrenado. Sexo online, sexo en casa y fuera de ella con prostitutas y con ligues de todo tipo. Aunque el sexo domina su vida, es incapaz de iniciar relaciones duraderas con nadie, ni siquiera de amistad. Brandon vive en una concha. Su aparente salud mental de puertas para afuera se mantiene por un delgado hilo que está a punto de romperse cuando su hermana, todo lo contrario que él, temperamental y asustada de la vida, se instala en su piso de Manhattan por unos días.

Poco antes de ver "Shame", en el metro, tuve una de mis epifanías, una perogrullada que me apresuré a anotar en un papel para no olvidarla. Va tal que así: muchas veces nos quejamos de que los guiones no son buenos, de que no nos cuentan buenas historias. En realidad, cuando hablamos de arte, (y ahora viene la idea) a veces la historia es lo de menos. Lo improtante es el estilo, eso que nos consigue embaucar el tiempo suficiente como para creernos eso que nos están contando y hacerlo nuestro.

"Shame" es un buen ejemplo. La Inquisición al menos se siente tan inmersa en esta peli que para hablar de ella tiene la dificultad de distinguir dónde termina una y empieza uno mismo. Porque amigos, "Shame" habla de cada uno de nosotros, hombres modernos que sufrimos la maldición y la bendición de hacer lo que queramos. Sin moral alguna que nos controle ni nos limite, estamos por encima del bien y del mal y nos dejamos llevar por los placeres de la gran ciudad, que es una puta sin recato. Además la tecnología nos lo pone cada vez más fácil. Elegí el término "libertino" para definir a Brandon con toda la intención, ya que la palabra viene del hijo del liberto, el esclavo romano liberado. La paradoja: cuanta más libertad tenemos, más nos entregamos al placer. Y más esclavos nos hacemos de nuestros vicios.

No estaba muerto, estaba de parranda











McQueen sabe perfectamente lo que quiere contar y tiene su mesías en la pantalla, que es Fassbender. No hay palabras para describir lo que este hombre consigue con su estremecedora actuación. Cine para adultos. No es de extrañar que "Shame" haya pasado desapercibida para los premios de la pacata Academia de Hollywood, otra que bien sabe lo que necesita y lo que quiere. Fassbender se come a la mitad de los nominados a los óscars, con todos los respetos. Es un tiburón, un ángel, un dios.

La figura del vicioso no es nueva en el cine, pero el personaje de Brandon no tiene referentes obvios. El personaje que primero viene a la cabeza es el Paul que interpretara Marlon Brando en "El último tango en París", otro guarrete de cuidado. También están los donjuanes del cine y la literatura, pienso en el de Fellini ahora mismo, un autómata del amor, y del Don Juan último, el Patrick Bateman de Christian Bale en "American Psycho". Sin embargo, Brandon tiene algo que lo hace especial: él no le jode la vida a nadie. Da lo que promete, paga por lo que obtiene. Más que un vividor o un don juan, es un hedonista masturbatorio, un gran miedoso que teme romper su círculo de protección y que se mata a pajas para combatir el stress. Brandon no sabe vivir, no permite que le toquen en lo más profundo, se refugia en la forma para no tener que hurgar en el fondo. Un personaje de una humanidad aplastante al que poco podemos reprocharle por su flaqueza.

"Shame" es un peliculón muy sólido que hace que la Inquisición se replantee muchas cosas, nada más que por eso merece la pena. Los engranajes de la cabeza empezaron a moverse, así como los del corazón. "Shame" revuelve las tripas, no deja indiferente ni mucho menos y en gran parte gracias a Fassbender, que brilla con luz propia. La Mulligan está muy bien también, solo me molestó en su cancioncilla, que me pareció algo cursi y casi me saca de la peli en un momento. Y lo mejor, "Shame" me transporta de nuevo a Nueva York como hacía tiempo, una ciudad, la ciudad.

Una de mis partes favoritas de "Shame", que son muchas, es la escena en el metro. Brandon coquetea con una chica en el vagón, el juego de miradas les seduce mutuamente. Cuando ella se levanta, él, indefectiblemente, sale tras ella. Pero el juego del cazador se revierte al final. Con un genial toque, una película ya de por sí brillante se cierra de forma magistral. Esta chica de repente representa una forma de vida, todas las tentaciones de la ciudad encerradas en una. El cebo primigenio y a la vez moderno de la mujer bella que se cruza y no volverá. Después de lo aprendido, ¿quién es la presa y quién el cazador? ¿Quién dicta el destino de Brandon? ¿Se resistirá al deseo o saldrá al ataque una vez más y para siempre?

Absolutio suma.

3 comentarios:

Ricardo Fernández Blanco dijo...

Uff, te ha tocado la historia Inquisidor, no hay duda. Siento no ser tan efusivo con la peli, que no está nada mal, pero creo que le sobran secuencias enteras. Lo que me importa no es cómo lo hace bien, me basta con unos planos para saber que es un crack en la cama aunque sólo sea por la costumbre; lo que me importa es cuándo y si puedo por qué lo hace mal. Mi lectura va más por el lado de responsabilidades no tomadas en su momento y que acaban regresando física (hermana) y mentalmente (polla floja). Me sobran varias cosas (como los repetidos paseitos del macho cuando las llamadas) puedo entender su prepotencia sin tanta demostración estética que aunque forme parte y nos dibuje al personaje no hace falta repetir. Y estoy de acuerdo, las secuencias del metro son las mejores y tal vez la de él besando a la única que parece importarle aunque a esa secuencia llegamos un poco de sopetón, algo cojos...
Para mí se salvaría pero por los pelos.

chumari dijo...

Jol, las secuencias de repetición de los paseítos me parecieron muy necesarias. Lo de las responsabilidades está claro, ya está. Lo que mola es el vacío de la repetición. De otro modo haces un melodrama más plano.
A mí me parece mucho más interesante la vorágine del personaje hacia la nada.
Peliculón!

Bea Cepeda dijo...

Mmmm... la verdad es que pinta bien esta película. Vamos, al menos yo tengo ganas de verla. Lo malo es que a mi ciudad jamás llegará a los cines, así que tengo que investigar a ver algún medio de verla decentemente y cuanto antes. Ya hablaré de ella por mi blog!